Entrada de prueba Nr. 1

Probando a ver qué tal se ve el nuevo texto

Entrada de prueba Nr. 2

Si esto funciona en condiciones, es que voy por buen camino

Entrada de prueba Nr.3

Al final voy a tener que dedicarme a estas cosas

Entrada de prueba Nr. 4

De aquí a programar... sólo un paso

Entrada de prueba Nr. 5

Resulta interesante ver y entender las cosas

jueves, 26 de octubre de 2017

Deseos

Me sigue resultando sorprendente cómo podemos ver la vida con tantas perspectivas con la mezcla del paso del tiempo y un ligero cambio de aires.
Esos nuevos aires están haciendo que vuelva a acercarme a la lectura, la cual tenía largamente olvidada. En los últimos dos meses he leído ya cuatro libros y todos ellos me han dejado algo en común: retomar las ganas por escribir.
No es el momento, quizás tampoco el lugar, pero sé que algún día podré dedicarme a intentarlo. Sigo sin saber cómo, ni sobre qué, pero intuyo que algo haré, de algún modo.
Cuanto más leo, más recuerdo cómo nacieron mis ganas de expresar ideas con las letras. Y recuerdo el tiempo en el que nació aquella sensación, que trae consigo una mezcla de muchas cosas, de muchos sentimientos y de muchos otros recuerdos.
Llegué incluso a empezar a dar forma a una idea sobre una historia. Algo que, como casi siempre que me siento a escribir, viene provocado por un jaleillo emocional acaecido. Es como la manera de calmarlo. De sacarlo.
Abrir el candado de la imaginación
Recuerdo que, aún en casa de mis padres, en lo que fue la habitación de mi hermana  y que pasó a ser mi estudio cuando ya no estaba, me quedaba largas horas en el ordenador jugando a un videojuego que llegó a aburrirme soberanamente. Cuando me cansé, decidí abrir el editor de texto y empezar a juntar frases según me salían. No tenía ni idea pero las tres primeras líneas resultaban ser una mezcla de la expresión de mis sensaciones, con la idea de intentar ponerlas fuera de mí, en la persona de otro. Y así fue como me lié a inventarme cosas completamente improvisadas.
Resultó que, lo que había empezado un poco de casualidad, sin saber bien en qué matar el tiempo, empezaba a tomar una forma rara, pero a la vez, empezaba también a definirse. Me daba cuenta de que, a medida de que escribía, mis ideas me iban llevando por calles un poco resbaladizas. Pecaba de ufano y pensaba que, si dejaba simplemente salir mis ganas y la inspiración que me viniera a visitar, todo iría tomando forma por sí solo, como si yo solamente fuera el que apretaba las teclas, la marioneta al que movían con hilos. Pero nada de eso. Los personajes se me aparecían en la cabeza y sus diálogos se me mezclaban con cosas vividas, o con cosas vistas, se enredaban, empezaban a atascarse. Una idea no encajaba con la otra, pero, de repente, algo aparecía que le daba una nueva vía de escape a la trama.
La mezcla de recuerdos de escenarios con los imaginados, era una manera de empezar a hacerme preguntas sobre cómo y qué podía contar que fuera creíble. Entendía que mi entorno de aquel entonces debía formar parte de todo como envoltorio, ya que era de algo de lo que podía escribir con credibilidad, pero pronto me di cuenta que había que hacer un trabajo muy complejo para que la cosa tomase cuerpo en condiciones.
Todo se fue mezclando y la temática derivaba en un tema delicado y de actualidad por aquel entonces. Me vi sacando libros de la biblioteca sobre temáticas peliagudas y leyéndolos en el metro, forrando las tapas para que la gente no me mirase mal, ya que pude percatarme en alguna ocasión de que más de uno se llevaba una impresión errónea sobre mí.
Creo que, por aquel entonces, estaba muy frustrado por tener que repetir la Selectividad, que me daría acceso a la Universidad. Me había quedado rezagado del resto y pensaba que no iba a sacar fuerzas yo solo, para repetir lo que ya había aprobado, así es que me apunté a una academia todo el curso, que me pagaba trabajando en verano. Esa frustración fue la motivación para escribir.
Los trayectos en el metro eran una mezcla de repaso de apuntes de la academia, con lectura de tres libros simultáneos para tomar notas que pudieran dar un poco de cuerpo a la historia y los detalles.
Me reencontré en mis horas de estudio con antiguas personas con las que coincidí en otros tiempos y se convirtieron en improvisado jurado de lo que se me iba ocurriendo. Necesitaba ver por dónde iba y qué sensaciones le provocaba lo escrito a los demás.
Llegó la selectividad, la prueba que me daría posteriormente acceso a estudiar la carrera que elegí (no la que quería) y que me ha llevado a donde ahora estoy. Tuve que dejar todo para preparar los exámenes y, a la vuelta del verano, empecé una etapa en la carrera que recuerdo con mucho cariño por muchas cosas. Me zambullí en experimentar todo aquello, lo cual era de lo más agradable y, a veces, de lo más jodido. Fueron un par de años que me renovaron en muchos sentidos, por dentro y por fuera.
Entonces me di cuenta de que el tiempo y un cambio de aires ayudan a limpiar las telarañas de la cabeza y los nubarrones grises que nos colocamos muchas veces.
Esa pausa que me dio la selectividad se está alargando mucho, pero intuyo que más pronto que tarde, me montaré un despachito agradable, en el que entre la luz del sol por la mañana, con una mesa repleta de papeles y un ordenador con una hoja en blanco en la pantalla que ponga Capítulo 1.
Antes de llegar a ese momento, deben pasar muchas cosas y tengo que aprender otra tonelada de otras para saber sofocar mi osadía de entonces, pensando que las musas escribirían fácilmente una historia por mí. Aprender a ligar ideas, a documentar párrafos, a dar vida creíble a personajes reales…Son muchos deseos. Pero todo llega.


PD.: Si a alguno le da por leer este post, le recomendaría que leyese cuanto antes El libro de los Baltimore, de Jöel Dicker. Creo que ese libro me ha dejado una sensación tan buena, que podría empezar a leerlo ahora mismo de nuevo.

domingo, 3 de julio de 2016

Entrada cuarta

Viendo las diferentes posibilidades con textos y entradas que se van acumulando...

Queridos lectores de este rincón de internet, hoy me gustaría compartir con vosotros una entrevista de mi experiencia como arquitecta en Múnich de la mano de arquiparados.com

Como ya hice durante mi Erasmus con el francés, las circunstancias han cambiado y ahora mi idioma arquitectónico es el alemán.
Aquí van por tanto unas palabritas que pueden ayudar en los primeros pasos arquitectónicos:
aislamiento: die Dämmung
alzado: die Ansicht
cubierta: das Dach
dintel: der Sturz
enlucido: der Putz
forjado: die Decke
pilar: die Stütze
plano/planta: der Grundriss
sección: der Schnitt
viga: der Träger/die Balken

¿Las conociáis? ¿Falta alguna palabra básica arquitectónica? ¿Necesitáis alguna otra palabra en concreto? ¡Soy toda oídos!

Entrada tercera

Comprobamos el estado global del blog cuando las entradas se van acumulando e indexando.


«Si encontráis este libro, por favor, leedlo. Querría que alguien supiera la historia de los Goldman-de-Baltimore
Ocho años después del Drama, Marcus Goldman pone el pasado bajo la lupa en busca de la verdad sobre el ocaso de la familia. Entre los recuerdos de su juventud revive la fascinación que sintió desde niño por los Baltimore, que encarnaban la América patricia con sus vacaciones en Miami y en los Hamptons y sus colegios elitistas. Con el paso de los años la brillante pátina de los Baltimore se desvanece al tiempo que el Drama se va perfilando. Hasta el día en el que todo cambia para siempre.
La opinión de la crítica:
«Les sorprenderá. Deberíamos leer El libro de los Baltimore como quien contempla un óleo de Edward Hopper y su trazo elegante.»
Ramón Ventura, El Periódico de Catalunya
«Dicker administra de forma magistral los tempos de la trama. Una lectura idónea para llevársela a la playa.»
Gustau Nerín, El Nacional
«A través de señas características de su escritura, como los continuos saltos en el tiempo, los bruscos e inesperados giros argumentales y el mantenimiento de una tensión narrativa más que palpable, Dicker monta una historia cuyo punto central (el Drama) desconocemos en importancia y contenido, pero sobre el que gravita todo el peso del relato, que se convierte en una búsqueda de la verdad de impresionante ritmo narrativo.»
Andrés Seoane, El Cultural de El Mundo
«Una estructuración digna de serie televisiva que consigue que cada capítulo presente, por sí solo, un elevado arco de tensión que motiva a seguir devorando páginas... Todo lo que pasa es emocionante, cautivador y, por momentos, hasta conmovedor.»
Matías Stuber, Bellver (suplemento cultural del Diario de Mallorca)
«Una vez más Dicker demuestra su talento para atrapar al lector.»
Bernard Lehut & Martin Cadoret, RTL
«El nuevo golpe maestro de Joël Dicker. Sin duda, un as en la manga. Dicker sabe hacernos disfrutar como nadie. Alterna épocas y nos tiene en vilo después de habernos dado una pista: al final, habrá un drama, una tragedia.»
Pierre-Yves Grenu, Culturebox (Francetvinfo)
«Dicker confirma su talento. Regresa con una novela cautivadora e inteligente.»
Marianne Grosjean, Tribune de Genève
«El libro de los Baltimore mantiene un suspense bien dosificado que engancha y sorprende en todo momento. No puedo esperar a que Dicker escriba otra novela y nos invite de nuevo a su universo único y palpitante.»
Info-Culture
«Con un control absoluto del tempo de la narración y una construcción detallada nos enfrentamos a una lectura apasionante donde la amistad logrará el perdón y el amor no será fácil de extinguir.»
Blog La Petita Llibreria

Entrada segunda

Seguimos probando el contexto y aspecto general del blog bajo el diseño Magazine

Tomar la decisión de emigrar a otro país no es algo que se deba tomar a la ligera. Las circunstancias personales de cada persona dan lugar a diferentes necesidades e intereses que determinan, entre otras cosas, la orientación laboral en el extranjero. De entre la multitud de variantes se pueden distinguir algunos tipos de perfiles de personas que emigran a trabajar en Alemania.
Un primer ejemplo sería el caso de una persona joven recién licenciada, sin familia ni grandes responsabilidades. La espontaneidad y la improvisación estarán en este caso a la orden del día, ya que no hay mucho que perder. El espíritu aventurero y las ganas de encontrar nuevas oportunidades más allá de lo que ofrece el actual panorama laboral español es el motor interno de muchos y muchas a la hora de lanzarse a esta nueva aventura.

Por otro lado, en las personas cuyo objetivo es encontrar un puesto de una categoría superior o con una remuneración mayor al actual, el proceso de emigrar se ve desde otra perspectiva. Este perfil suele buscar empleo antes de poner un pie en el lugar de destino, para minimizar los riesgos y así tener algo a lo que agarrarse. Si no encuentra un empleo con las características deseadas, la motivación para irse posiblemente no sea suficiente.
Otro grupo de emigrantes muy frecuente es el de los desempleados de larga duración. Debido a la crisis, cada vez son más las personas que, sin una motivación especial por salir de su hogar, ven como solución más inmediata (o incluso única) ir a un lugar como Alemania donde la tasa de paro ronda tan sólo el 5%.
Existe un denominador común entre todas estas personas y que ocurre a menudo; la mirada cortoplacista con la que se realizan todos los planteamientos que conlleva cambiar de país. Las preocupaciones más inmediatas de cualquier persona son tener una vivienda, un trabajo satisfactorio y buenas relaciones sociales, pero ¿cuáles son las consecuencias de que estos objetivos hayan de cumplirse fuera de tu país? Tener que dejar de lado todo aquello que es irremplazable: Amigos, familia, tu estilo de vida y por supuesto tu idioma. La visión cortoplacista hace que todas estas cuestiones pasen a un segundo plano cuando tienes otras necesidades más básicas, cuando estás recién llegado y tienes la ilusión de la novedad y de encontrar lo que no tenías en España. Por otro lado, desarrollar tu carrera profesional en un país como Alemania, con una cultura muy diferente a la española, está ligado a que a largo plazo harás parte de tí muchas de las nuevas costumbres y hábitos que vayas incorporando a tu vida, a la vez que descubres que echas de menos aspectos de tu cultura con los que no cuentas en tu día a día.

Entrada primera

Este texto prueba la apariencia del blog. A ver como va quedando. 

Copiaremos un texto de cualquier otro lado a ver qué pasa...




La preventa de entradas se activará a partir de las 10:00 del 4 de julio vía Livenation.es, mientras que la general se realizará a través de ese mismo site justo dos días después (6 de julio a las 10:00). Existirán cuatro categorías de entradas diferentes, cuyos precios oscilan entre los 45 y los 80 euros, gastos de distribución no incluidos. Tabla de precios: PL1 – 80, Pl2 – 70, PL3 – 57,00 y PL4 – 45 euros.
Para celebrar este gran día hoy compartimos con vosotros el brillante “concert privé” que la cantante y compositora ofreció años atrás, y que puede ser disfrutado de forma íntegra gracias a un canal de YouTube

lunes, 13 de junio de 2016

Una tarde aburrida

Analizar, pensar, sopesar, volver a darle otra vuelta…y pensar, y más pensar.
Hay días así, en los que te metes en una rueda de la que no te puedes bajar, que da vueltas y vueltas sin que llegues a ninguna parte. Pero siempre aparece algo que te marca con un destello, aunque sea tenue, el camino que llevabas.
¿Por qué nos empeñamos en hacernos la vida tan complicada? A saber. Quizás porque lo tenemos ya en nuestro ADN incrustado, pero el caso es que las cosas, en la teoría, se manejan siempre de manera sencilla, como el que soluciona los problemas de la política mundial sin separarse de la barra del bar.

A veces, cuando estamos enredados en esa maraña de pensamientos en los que nos dejamos arrastras por la presión, el agobio de las obligaciones, el estrés... todo eso no nos deja ver lo verdaderamente importante. ¿Y qué es? Para cada uno, lo que sea importante…para mí, que estamos aquí dos días contados y que no merece la pena malgastarlos en la mayoría de las cosas en lo que lo hacemos a diario. Que vivimos una vida impuesta, en muchas ocasiones, y no por los de afuera, sino por nosotros mismo, por nuestras barreras mentales. 
Yo me paso el día de pelea con ellas y conmigo mismo desde que decidí coger un avión que aumentase mis inseguridades en mi rutina. Me enredo, me enredo y me dejo arrastrar por la corriente de agobios, de estrés, de obligaciones, y entre medias me pierdo los ratos que tengo para vivir. Malgasto mis días pensando en que venga el día siguiente, o el fin de semana, o las vacaciones, y no me doy cuenta de que el tiempo hasta que eso llega, lo sufro, no lo vivo. Y soy consciente de ello, pero el peso de las cosas me desborda, y me cuesta salir arriba, a tomar aire, porque me vuelvo a meter en la marea de cosas, y no veo que, al final, nado en círculos.
Me fijo en los niños y para ellos, la marea en la que yo nado, es un parque acuático, un mar de oportunidades, de aventuras, de reducir la vida a lo más simple para disfrutarla a tope, y me quedo embobado mirando, y me digo lo tonto que soy.
Porque mañana ya no estamos. De repente un día no estaremos, y solo quedaremos en fotos, y pensaremos en lo tontos que hemos sido, en la cantidad de cosas que hubiésemos hecho diferentes de haber sabido que la vida son dos días, y que es absurdo vivir para sufrir, para amargarnos. Que ya se encargarán otros de hacernos nuestra rutina insufrible y, en el fondo, la mayoría de nosotros, yo mismo, no sabemos ni lo que es pasarlo realmente mal.
Con el nuevo horizonte de la edad, me queda un montón por aprender. El día que sepa disfrutar de un simple rato sentado en un banco, de un café, de una tarde “aburrida” con lluvia fuera…quizás ese día me habré dado cuenta a tiempo de lo cerca que lo tenía. O quizás, sea tarde para haberlo sabido.
Lo que tengo claro es que no me gustaría tener esa sensación de arrepentimiento y estupidez de mí mismo, al verme a lo largo de los años y pensar que debía haber sido de otra manera.
En los momentos complicados dicen que salen las verdaderas emociones. Yo no paso realmente por ninguno de ellos; otros cercanos sí, y quiero que el enredo diario en el que me veo envuelto, me deje decirles a todos que, aunque no estoy a su lado, estoy con ellos, y que lo que más me gustaría sería pasar una tarde aburrida en un sofá, simplemente por el hecho de poder disfrutarla. Tengo que aprender cómo salir del enredo para dedicarme a las cosas importantes. Espero que no me quiten el sofá. 

viernes, 1 de enero de 2016

Refugiados y expatriados

De camino a casa, me apareció este pensamiento...



Mientras viajo de camino a España en mis vacaciones de mi trabajo encontrado fuera, en la "comodidad" del avión, leo en el periódico nuevas cosas (menos cada vez) sobre la llegada de refugiados a las costas griegas, con una foto tan impactante como la del niño tendido en una de las playas griegas o turcas; un padre, casi cubierto por el agua, sostiene en un brazo a un bebé y en el otro a su otro hijo, tratando de subirlos a un bote de rescate...yo miro a los míos, sentados en sus butacas del avión mientras ven el el portátil una película de dibujos y pienso que no sé de qué me quejo tanto por haber tenido que irme fuera de España a buscarnos la vida. Nada como una dosis de buena realidad, para que nos pongan en nuestro sitio...

Yo soy tan normal como tú... y tenía mi vida

No puedo alcanzar a comprender el grado de desesperación que esas familias deben sentir para arriesgarse de esa manera...ellos y sus familias.
La mitad de los fallecidos en las costas, son niños...un dato así le deja a uno helado. 
La foto del pequeño tendido en la playa y, posteriormente, recogido por un miembro de salvamento marítimo dio la vuelta al mundo. Para mí, fue todo un shock al verla...creo que está cargada de tanta tragedia q podrían habérsela ahorrado muchos medios q querían buscar más el sensacionalismo y la venta de ejemplares q dar una noticia.

Detrás de esa foto hay historias tremendamente trágicas, de guerras basadas en intereses de países situados a miles de Kms de allí, con bombas lanzadas desde cómodos sofás por gente con las manos "limpias" y conciencias tranquilas (nada más lejos). Guerras donde los daños colaterales tienen la edad de mis hijos y madres como la de ellos, q darían (y finalmente acaban dando, aunque sin éxito) su vida por un mundo mejor para sus hijos. 

Ahora lo tapamos todo con las Navidades, las cenas y comidas de trabajo (el que lo tenga), las reuniones (el que pueda reunirse con los suyos) y los regalos, muchos innecesarios...esta realidad tan bruta, que solo sabe de extremos, ha aniquilado la capacidad de asimilación del personal, la mirada crítica, a base de repetirnos tragedia diaria en los medios. De tanto y tan a diario, preferimos mirar para otro lado, hacernos los sordos y ciegos, como cuando vemos a un mendigo en la calle q se dirige a nosotros...no miramos para tener nuestra conciencia tranquila, para no reprocharnos en ese momento, que somos culpables en cierta medida de todo lo q nos rodea. Yo soy uno más. 
Miro a los niños y me vuelve el recuerdo de ese padre desesperado tratando se sacar a sus hijos de esa desesperación.

Es abrumador pensar que uno solo no consigue cambiar un engranaje que devasta a esa velocidad...pensamos q con "democracia", como en estas recientes elecciones, el cambio es posible, que mi voto moverá las piezas en otro sentido...pero lamentablemente, no es así. Lobbies y empresas rigen los intereses, los gobiernos y las personas y no saben de familias emigradas ni de padres refugiados ahogándose en el mar...y cada año, por Navidad, debería uno manejar un poquito más de energía positiva, algo más de esperanza...pero, es tan difícil!

Desde hace tiempo, el coste de la felicidad o la alegría, es muy alto. Cada vez para más...en lo pequeño se encuentra lo más grande, pero no somos capaces de verlo. Eso no lo venden en los grandes almacenes.


Seguiremos intentándolo un año más.